Mitja Marató Granollers 2016: Orgullo y Satisfacción

Hace ya un tiempo que bromeamos los compañeros de equipo con la frase “Entrenar está sobrevalorado”, y nada más lejos de mi intención que alzarme como adalid de la misma (aunque si eso me sirve para instaurar alguna cuqui moda que me permita forrarme, bienvenida sea), pero si algo descubrí este pasado domingo 7 de febrero, es que cruzar la meta con una gran sonrisa y sintiéndote orgulloso de ti mismo tiene muy poco que ver con cómo y cuánto has entrenado.

Si el año pasado me planté en la salida con una preparación bastante deficiente y lo pagué,  este año estuve planteándome muy seriamente si valía la pena que la corriese, porque la preparación era muchísimo peor. Si a nivel mental llevaba tiempo sin encontrar el punto de motivación necesario para cumplir cualquier tipo de plan de entreno, el parón que tuve tras la neumonía de septiembre acabó por dejarme completamente fuera de forma. A eso hay que sumarle que, cada vez que salía a hacer 5-6km por los caminos de casa, volvía en la mayoría de ocasiones con malísimas sensaciones y, lo que es peor, con las pulsaciones por las nubes a la más mínima.

Finalmente, y más por el no querer faltar a la carrera “de casa”, me inscribí a muy última hora, absolutamente convencido que, el día de actos, tocaría sufrir lo que no estaba escrito. De hecho, medio en broma medio en serio, comentaba con los amigotes la posibilidad de que alguno de ellos tuviese que tirar de mi porque no iba a ser capaz de acabar corriendo la prueba.

La carrera

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Con David. Absténganse de comentarios sobre la incipiente barriga de quien escribe 😛

Opté por tomar la salida más atrás del cajón que había marcado en la inscripción (entre 1h45′ y 2h) e ir completamente relajado y sin presión y, sobretodo, sin sensación de molestar a nadie. Además, así tomaba la salida con David, compañero de BCN Triathlón, que quería acompañar a una amiga suya que debutaba en la distancia y, si había suerte, localizar a mi amigo Uri, aunque no fue posible.

Antes de cruzar el arco de salida ya me dice David que no me preocupe, que tire a mi ritmo y no me espere. Por miedo a qué podría pasar si no corría a mi manera, le hago caso y, en cuanto pasamos la línea de salida me marco un trote cómodo. Además, y a los pocos metros, decido mandar el crono a tomar por saco y cambio la pantalla de datos para poner una en la que sólo veo las pulsaciones. De esa manera, podré ir comprobando que, aunque me encuentre bien, no me estoy pasando de optimista y lo pagaré.

Con esa idea en mente van pasando los metros y me dedico a disfrutar de la carrera: si me veo taponado me relajo y espero a que se abra hueco para pasar, le choco la mano a todos los críos que veo… vamos, que me voy a marcar 21km de happy running mientras las piernas aguanten. Y en esas estoy, a punto de salir de Les Franqueses, cuando me parece oír a alguien gritar mi nombre. Al primer momento no le hago caso, pero cuando me parece oírlo por segunda vez, me giro y veo que tengo a Uri justo detrás. Hablamos un momento y me cuenta no nos hemos podido encontrar antes porque se había olvidado el chip en casa y, con las prisas por ir a buscarlo, apenas había tenido tiempo de nada y, además, había apagado el móvil. Cruzamos cuatro palabras más y me dice que tire, así que vuelvo a lo mío.

Llegamos al km5 y al primer avituallamiento y, primera sorpresa positiva. Sigo notándome muy cómodo corriendo, las pulsaciones están muy bien controladas a unas 165-168 cuando el terreno no es cuesta arriba y en ningún momento he notado la saliva espesa que he sufrido muchas veces cuando el esfuerzo me pasa factura. Así que, como ya he hecho otras veces, opto por saltarme ese avituallamiento, evitando los jaleos de la gente corriendo por el centro de la calzada.

Más adelante, a la altura de Llerona, las nubes amenazadoras que veíamos desde la misma salida empiezan a manifestarse lentamente. Primero un chispeo casi imperceptible y, a medida que nos vamos acercando a La Garriga, va ganando en intensidad hasta llegar a un punto, sobre el km 8, en que es un chubasco con todas las de la ley. Por el momento, aunque correr con lluvia es algo que no me ha gustado nunca, se puede soportar más o menos bien a pesar de estar ya empapados y, sobre todo, empezar a notar que, por efecto del agua, el pantalón se me va subiendo por la parte interior de los muslos y temo que me produzca alguna rozadura.

Cuando llegamos al avituallamiento que hay entre el 9 y el 10, y dado que sigo con exactamente las mismas sensaciones que desde que he tomado la salida, también decido que no voy a tomar nada de líquido. Sé que suena extraño, pero me sentía fantásticamente bien, las pulsaciones seguían absolutamente bajo control y me daba pánico pensar en hacer nada distinto que me pudiese sacarme de aquel “estado de gracia”.

El paso por La Garriga es tan fantástico como siempre, aunque obviamente se nota cierta falta de gente ante las inclemencias del tiempo. Sufriendo un poco hago la última subida y encaro la bajada, pensando que hay que seguir regulando igual de bien para pasar los tres repechos duros que hay. Sin embargo, la lluvia que parecía habernos dado un respiro, vuelve a ganar en intensidad y, para acabar de endurecer la prueba, a la que salimos del pueblo, nos encontramos con un viento lateral que nos entra por la izquierda que consigue helarnos y hacer que nos mojemos del todo.

Ese rato lo paso bastante mal por el frío y la lluvia y mi ritmo se resiente un poco, pero las piernas siguen sin dar problemas, aunque sí voy notando ya el peso de los kilómetros. Cuando encaro la última rampa fuerte, la que hay a la entrada de Llerona pienso que, de perdidos, al río y que si he llegado hasta ahí sin avituallamiento, ya puedo hacer esos últimos menos de 6 km de la misma manera. Además, ya no sé si por insensibilidad en las manos, que me duelen un poco, porque los edificios que hay tapan un poco el viento lateral, porque, al menos me lo parece, la lluvia ha aflojado un poco o porque sé que, ya sí, lo que queda es cuesta abajo salvo una rampa anecdótica, me animo para tirar un poquito y acabar a lo grande.

Subo un pelo el ritmo y me preparo a afrontar el, para mi, tramo eterno que hay desde que entras en Les Franqueses hasta la línea de llegada. Para mi desgracia, la lluvia vuelve a apretar y, sea efecto psicológico o no, a pesar de estar entre bloques de pisos, sigo notando cómo nos entra viento, aunque ya no sé si es de cara o lateral, pero sé que tengo la carrera en el bolsillo y me ha salido muy bien, así que no flojeo de ánimos. Pasa el km 17, el 18, el 19 y, cuando veo el 20, me vengo arriba. Aprieto un poco más el ritmo aunque ahora sí me noto cansado, viendo ya en la lejanía los incontables arcos que hay antes de la meta y, a 150m de la llegada, agoto las últimas fuerzas sacándome un sprint de donde no creía que lo hubiese.

Cruzo la meta con el puño en alto y una gran sonrisa de satisfacción. Me siento extremadamente orgulloso de lo buena carrera que he hecho. Miro el crono y veo que he marcado 1h 52′ 17″. Eso son prácticamente 12 minutos más lento que mi MMP, lograda tres años atrás, pero más allá de pensar durante un breve instante “Lástima, habría estado cojonudo no pasar de 1h 50′” y sorprenderme por creer que había pasado a la liebre de 1h50′ en la salida, lo que predomina en mi es, igual que en la edición de 2013, una gran sensación de felicidad y de satisfacción conmigo mismo.

Me voy disparado a por la bolsa y a quitarme la ropa empapada y en esas estaba cuando al fin aparece Uri, que también luce una gran sonrisa por el resultado obtenido. Entonces sí nos podemos hacer la foto de rigor y, al verla, recuerdo que, cuatro años atrás, tres descerebrados debutamos aquí en esta distancia y decido que nada mejor que, cuando llegue a casa, buscar la foto de aquel día y juntarla con la de hoy.

Como decía al principio, correr adaptándote a tus capacidades, sin querer forzar más allá de lo razonable en ningún momento y, sobretodo, olvidándote del crono, puede hacer que una preparación corta (o prácticamente inexistente) no te impida disfrutar de un acto social como, para muchos, es participar en esta media maratón. Ojalá todas las carreras que dispute a partir de ahora me dejasen ni que sea una cuarta parte del orgullo y la satisfacción que conseguí en Granollers.

PD: Para acabar, cuatro números curiosos. Sobretodo, la pérdida de posiciones entre los km 10 y 15, cuando peor lo pasé por la lluvia y el viento.

Sin título

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Publicado el 08/02/2016 en competiciones y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

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