IronMan 70.3 Barcelona – Lo logré

IMG_20140529_183700Esta medalla es mía. La conseguí y la gané porque fui capaz de llegar hasta la línea de meta. Conseguí acabar un medio Iron Man. Como muy bien me dijo el bueno del Doc al día siguiente, “Una meta más cumplida, un nuevo reto de esos que nos parecían imposibles hace 3 años”.

Sinceramente, creo que he llegado a mi techo en esto del deporte amateur. Tenía la ilusión de autoregalarme el IronMan del próximo año para celebrar mi cuarenta aniversario, pero este IM 70.3 Barcelona me ha enseñado, de forma muy clara, que no estoy capacitado, a día de hoy, para hacer el sacrificio que supone preparar un IM. Veremos qué pasa más adelante, pero hoy por hoy es algo que está descartado. Eso sí, también tengo claro que esta prueba la voy a repetir. Me parece sencillamente alucinante haber sido capaz de nadar 1.9km, pedalear 90 y correr 21, y aunque sólo sea por eso, pienso volver a ponerme en la línea de salida.

Además, si ya me encantaba la práctica del triatlón, después de esta prueba estoy aún más enganchado a este deporte. Los retos físicos y mentales que supone no ya la larga sino simplemente la media distancia me resultan apasionantes y algo que quiero seguir practicando y mejorando en ello. Y encima, la experiencia vivida me ha hecho ver de otra manera las distancias sprint y olímpica. Después de un medio IM como este sé (y lo viví este pasado domingo en la tri sprint de Mataró) que en las pruebas cortas voy a disfrutar más que nunca.

Y espero poder seguir contándooslo (aunque sea con más de dos semanas de retraso :D)

La carrera

Natación

Servidora enfundada en neopreno antes de la salida

A nadar con neopreno por primera vez

Tomaba la salida a las 7:15AM, formando parte del grupo de edad más numeroso que participaba en la prueba, los de entre 35 y 39 años (creo que cerca de 400 personas arrancamos en ese grupo). Por entonces, los PRO ya llevaban 15 minutos en el agua y, por detrás mío, ya sólo saldrían los dos últimos grupos de edad y los participantes por relevos.

Por fortuna, el mar estaba absolutamente en calma, en contraste con las condiciones que se encontraron los participantes el año pasado (incluso a los PRO les costó entrar y salir del agua), así que un problema menos. El recorrido era bien simple. Salir en perpendicular a la playa, adentrarse 200 metros hasta la primera boya, girar 90º a la izquierda y avanzar, paralelos a la línea de la costa, 1.5km hasta llegar a la boya de segundo giro, otros 90º para atacar los últimos 200 metros hasta la playa.

Si ya en pruebas cortas me tomo la salida de la natación con calma, aquí, dado el gentío, más aún. Aún y así, los golpes y manotazos están a la orden del día y más, en el giro de la primera boya. A partir de ese momento, la cosa se tranquilizó bastante, aunque no dejaba de irme encontrando gente que, en la mayoría de casos, se desviaba de la ruta y hacía metros de más, con lo que los atrapaba cuando recuperaban la línea. De hecho, si algo bueno tengo en el agua es que acostumbro a no hacer demasiados metros de más, por lo que soy lento pero seguro 😉 Sin embargo, tuve que hacer frente a un problema mental y a dos sustos físicos.

Cuando estás en aguas abiertas, las referencias de tiempo y distancia se pierden completamente y aunque había visto el circuito bien delimitado con boyas, no sé por qué pero se me metió en la cabeza que sólo había 3 de ellas (una cada 500 metros) antes del giro hacia la playa. Obviamente, aquello no era así (creo que al final conté siete) por lo que cuando llegué a la tercera y vi que había que seguir, hubo un pequeño momento de acojono no por cansancio sino por pensar “leches, ¿y ahora cuánto me queda?” Seguí a mi ritmo, consiguiendo olvidarme de ese pequeño palo mental, aunque poco a poco notando el cansancio. Por algún lado tenían que salir las más de 3 semanas sin nadar que llevaba y, sobretodo, el estar usando neopreno por primera vez. El dolor de hombros que arrastré durante el día siguiente no lo había tenido nunca ni nadando distancias superiores.

Y luego, los problemas físicos. Cuando debía llevar unos tres unos tres cuartos de recorrido, empezó a darme un pequeño tirón en el gemelo derecho. Conseguí no asustarme demasiado, no por el hecho de estar lejos de la orilla sino por creer que igual no iba a poder acabar e intenté seguir nadando sin usar esa pierna y, al mismo tiempo, intentando estirar el músculo. Obviamente, el ritmo se resintió bastante, pero al menos, al cabo de unos 15-20 segundos, se relajó el músculo y pude volver a nadar con tranquilidad, aunque temiendo que volviese a repetirse el episodio más adelante. Y sí, efectivamente, al cabo de unos minutos, y poco antes del giro hacia la playa, volvió a repetirse exactamente la misma sensación, sólo que esta vez en la pierna izquierda. Apliqué exactamente la misma técnica que en el caso anterior, y, esta vez también, volvió a relajarse el músculo y ya pude llegar hasta la orilla sin más problemas.

Y ahí, al salir del agua, sentí por primera vez lo que había leído en algunos sitios: una sensible sensación de mareo y de cierta flojera en las piernas que, durante los primeros pasos, me dejó un poco atontando. Unos cuantos pasos después la cosa empezó a mejorar y vino el punto que temía bastante: quitarse el neopreno. Mientras corría pude desabrochar el cuello, bajar la cremallera y sacarme las mangas mucho más fácilmente de lo que pensaba. Así, con el traje bajado hasta la cintura, llegué a la carpa de transición, equivocándome de pasillo en el que tenía mis bolsas colgadas y teniendo que ir hasta el final para dar la vuelta y entrar en el otro, todo eso mientras esquivaba a todo el enorme gentío de atletas que estaban en ese momento preparándose para la bici.

Cuando al fin logré llegar hasta mi bolsa, me senté en el banco (mientras uno de los bancos de detrás mío se iba al suelo :P) y ahí sí sufrí para quitarme el traje. Entre un mínimo mareo que seguía arrastrando y que no noté hasta sentarme, la humedad y el punto de cansancio que arrastraba, costó estar listo para subir a la bici. En total, 4 minutos y 40 segundos para hacer la T1. No es que me parase a tomar un café, pero poco faltó ;D

Acabando la T1

Acabando la T1

Bicicleta

90 kilómetros por delante. Según la propia organización, uno de los trazados en bici más duros dentro del calendario IM 70.3 y yo, afrontando la parte que más miedo me daba. Había que regular, que quedaba muchísimo por delante y sabía que sí o sí, iba a sufrir. Unos primeros kilómetros de callejeo por Calella (me llamó la atención los carteles de prohibido ir acoplado dentro del casco urbano) y pronto, a encarar la N-II hasta Sant Pol, punto donde la carretera ya empezaba a inclinarse hacia arriba para llevarnos, poco a poco, hasta el primer hito importante: la cima del Collsacreu en el km 20.

IronMan_70.3_Barcelona_-_Bike20140602-2-1vm17zm

La verdad sea dicha, ya fuese porque no regulé lo suficiente o porque las piernas respondieron mejor de lo que me esperaba, llegué a ese punto sintiéndome mucho mejor de lo que creía y esperaba. Como iba bien aleccionado respecto al tema de alimentación (¡gracias Íñigo!) en aquel momento ya había ingerido una de las barras energéticas que llevaba y la botella de isotónica iba a medias, así que cogí más líquido y a bajar. El primer par de kilómetros  son los más complicados, ya que la carretera no es muy ancha y hay curvas un tanto delicadas. En un momento del descenso, la carretera hacía una horquilla a derechas que casi empalmaba con otra a izquierdas. Tracé la primera, con la sensación de llegar a la segunda un pelo pasado pero sabiendo que lo podía controlar. Sin embargo, justo en el momento de empezar a tumbar, oí el sonido típico de una bici con ruedas de perfil que parecía llegar más rápido que yo. Al pillarme de improvisto me asusté, pensando que me iba a adelantar en ese momento. Eso provocó que, durante un instante que pareció eterno, perdiese la rueda delantera y me viese en el suelo y a velocidad suficiente como para haberme hecho bastante daño. Sin embargo, y creo que jamás sabré como, conseguí recuperar el control de la bicicleta y librarme de la torta. Después de unos instantes de ir con el culo bien prieto, conseguí relajarme y volver a la dinámica establecida: intentar llevar una cadencia alta de pedaleo y aprovechar para comer y beber, que llegaba Sant Celoni y la subida hasta Montseny. Eso sí, el momento “la madre que los parió!” llegó cuando, poco antes de llegar a Sant celoni (casi km 30), nos cruzamos con los líderes de la carrera, que ya iban de vuelta (aproximadamente, km 65).

20x30-IBAF1564

Saliendo de Calella. Normal la buena cara ;D

La subida a Montseny fue como esperaba: al mínimo de desarrollo todo el rato posible, maldiciéndome a mi mismo porque no había llevado la bici al taller para que ajustasen el cambio y costaba bajar de plato grande a plato pequeño. Y además, durante unos kilómetros, un poco antes de empezar realmente la ascensión, hubo un pequeño momento de crisis porque empecé a notar unos pequeños pinchazos en el estómago que me asustaron. Había comido la segunda barrita, y en el avituallamiento pasado Sant Celoni había cogido agua, isotónica y gel. El miedo a haberme pasado y que tuviese que sacar lo que había comido se hizo un pequeño hueco en el subconsciente y, durante un buen rato, la preocupación fue más que latente. Por suerte, al cabo de 15-20 minutos, desapareció el malestar. Además, y como es habitual en mi, con cerca de 40km en las piernas, empezaba a notar los cuádriceps bastante cargados, así que sólo esperaba la cima para empezar el largo descenso y darme descanso… y vaya si me lo di 😦

Los 3 primeros kilómetros de bajada de Montseny son por una carretera muy estrecha, con asfalto de mala calidad y un punto peligrosa. Como ya la conocía, afronté la bajada con prudencia, que lo último que quería era no llegar de una pieza abajo. El problema vino, cuando aún no llevaba ni un kilómetro de descenso, al pasar por el cambio de asfalto que había en una curva a derechas. Había un poco de escalón, lo pillé un poco inclinado y el golpe que dí con las llantas enseguida me puso los pelos de punta. Tanto, que al momento noté que había pinchado la rueda trasera. Y entonces llegó el momento desesperación: con todo el jaleo del cambio de trabajo, viajes y similares, me había plantado en la salida sin una cámara de recambio, así que allí estaba yo, a casi 50km de la meta, pinchado y sin solución posible. En ese momento de desespero, incluso intenté hinchar la rueda (sí, bomba sí llevaba, podéis darme las collejas que queráis) a ver si conseguía algo, pero fue completamente en balde. En ese momento la idea del abandono ganaba muchos enteros, ya que no veía solución posible. Tenía la esperanza que alguien se parase, pero no era así. Y cuando ya no sabía qué hacer, apareció el bueno de Jaume, uno de los compañeros de equipo que tuvo la gallardía de pararse, preguntarme y cederme la cámara que él llevaba de recambio. Te lo dije y te lo vuelvo a decir: GRACIAS! Si acabé la prueba fue gracias a tu amabilidad, ya que te jugabas tú un pinchazo y no tener recambio.

Ya con la cámara en la mano, los nervios hicieron acto de presencia: había que hacer el cambio ya y seguir, que estaba perdiendo mucho tiempo. Obviamente, las prisas no

Qué dura se me hizo la última rampa antes de entrar en Calella

Qué dura se me hizo la última rampa antes de entrar en Calella

jugaron a mi favor y al final, entre cambiar cámara, montar, hinchar, subir a la bici y empezar a bajar, ver que con las prisas la has dejado demasiado floja, volver a parar y volver a hinchar, perdí prácticamente 14 minutos. Al menos, y como decía antes, pude darle un descanso a las piernas 😛

Al menos, a partir de ahí ya podía contar los kilómetros hacia atrás, al haber pasado el ecuador de los 45, quedaba “dejarse caer” hasta Sant Celoni, km 60, y hacer la segunda subida a Collsacreu, km 70 del segmento y ya a sólo 20 del final y con terreno favorable.

Esta última subida se presentaba “fácil”, ya que el día que la probé pude hacerla pude hacerla a plato grande hasta los dos últimos kilómetros, donde ya sí preferí bajar a plato pequeño. Y como las cosas no pueden ser tan fáciles, aquel fue el momento en que el desviador dijo que nones, que nada de lo que hiciese iba a conseguir bajar la cadena al plato pequeño. La ristra de juramentos que solté fue enorme y, además de cargarme más aún las piernas al hacer pruebas de bajar la cadena al piñón pequeño, al final no me quedó más remedio que meter la mano, aún no se cómo, para empujar yo mismo la cadena. Lo último que quería hacer era parar, así que a trancas y barrancas, conseguí mover la cadena y afrontar ese puerto de manera asequible.

El alivio al llegar a la cima fue mayúsculo. En mi cabeza hacía rato que sólo pensaba en esos hitos kilométricos, diciéndome “ya sólo faltan 30”, “sólo 25”, “20”. Aproveché para disfrutar de ese último descenso (acordándome de muchos antepasados de los organizadores por el muro de 300 metros que había en el km 73) sabiendo que ya sólo quedaban 40-45 minutos de “carrera” y cuando la carretera se suavizó, comí por última vez… y entonces llegó el hostión anímico definitivo. A falta de unos 10 km, sabiendo que Calella estaba, casi casi, a la vuelta de la esquina, fui consciente de la realidad de la prueba cuando algo en mi mente hizo click y un único pensamiento ocupó mi pensamiento: no se trataba de llegar a Calella, se trataba de llegar al punto de inicio de una media maratón. Ese fue el momento en que asimilé, realmente, qué era un medio IronMan.

Además, y como me ha pasado muchas veces con la bici, cuando sé que estoy cerca del final, me relajo y me fallan las fuerzas, así que la rampa que había que pasar en Sant Pol y la que hay justo antes de Calella se me hicieron eternas, y con un dolor de cuádriceps casi insoportable, pero llegar al punto de desmontar de la bici fue un alivio brutal. A la que paso de cierto kilometraje siempre sufro dolor en las cervicales, pero esta vez, además, se unía dolor de lumbares, algo que no me había pasado nunca.

Media maratón

Una transición rápida (apenas un minuto) y ya sólo faltaban 21 kilómetros corriendo. Dos vueltas a un circuito que iba y venía entre Calella y Pineda de Mar, discurriendo paralelo a la costa. Cuando se salía de la zona de transición, se corría algo más de un kilómetro para dirigirte hacia la zona que había montado la organización, a modo estadio, con la meta y el punto de desvío para quien aún tuviese que hacer alguna vuelta. La sensación que experimenté al ver aquello, junto al rugido de la gente que había en las gradas, fue algo que jamás había vivido. Ver el montaje, ver la meta ahí, con gente entrando y verte, al mismo tiempo, tan lejos de la misma fue alucinante y me dio todos los ánimos que hacían falta. Tenía que llegar, tenía que hacer mío aquello que estaba viendo para otros y cruzar la meta.

En algún momento aún era capaz de intentar un esbozo de sonrisa XD

En algún momento aún era capaz de intentar un esbozo de sonrisa XD

Con esa idea en mente seguí corriendo, notándome ya muy justo de fuerzas aunque corriendo a un ritmo más que aceptable (hasta el km 3 iba a una media de 5’05” el km), animando todo lo que podía a los compañeros de equipo con los que me iba cruzando. Pero como no podía ser menos, había que sufrir, y sufrí. unos 4 km del tramo de ida hacia Pineda se hacía por un terreno absolutamente despejado junto a la playa, y en todo ese tramo, en las dos vueltas, había un continuo viento de cara que, mentalmente, me hizo mucho daño. Notaba que el dolor de lumbares, sin ser una burrada, sí estaba ahí continuamente para no dejarme ir cómodo y encima, se sumó el tener que luchar con ese viento de cara. Como no podía ser menos, a partir de ese punto subió sensiblemente el ritmo y ya pasé a rodar en 5’20”-5’30”, hasta que llegué al avituallamiento del km 6, punto de giro para volver a Calella. Aunque hasta aquel momento no había parado de correr, y aunque cansado creía poder seguir así, opté por parar, beber, comer algo e, iluso de mi, preguntar si había algún servicio de fisio (luego caí en la cuenta de lo gilipollas de mi pregunta siendo aquello un IronMan). Volví a correr al mismo ritmo, aunque ya los tiempos subían bastante y que, como se suele decir, el viento siempre es de cara, así que no había ningún tipo de “ayuda”. En el avituallamiento del km 10 hice una parada más larga para beber más y para dar descanso a la espalda, que ya no sólo eran las lumbares sino que, de vez en cuando, me daba algún pinchazo en las cervicales. Y por si fuera poco, a partir de ese momento, empecé a notar el cuádriceps derecho dando avisos de un posible calambre en cualquier momento, así que activé el modo supervivencia máximo y entré en modo caminar 50-100 metros y correr el resto. De esa manera, completé la primera vuelta, echando una mirada de deseo enorme a la meta, volviendo a sufrir el viento de cara hasta el punto de giro, cogiendo, aquella vez sí, una esponja en ese punto para refrescarme, viendo como poco a poco iban cayendo los kilómetros, pasando el cartel del km 19 mientras veía, al otro lado de la calle, a casi todos los compañeros de equipo, que ya habían acabado, dándome ánimos y preguntándome que si ya acababa y, sobre todo, trotando sin parar a caminar ese último kilómetro y casi cien metros, tomando, esta vez sí, el desvío a la derecha en el estadio que me llevaba a la meta, haciendo las dos curvas a izquierda de 90 grados que te encaraban con los últimos 30 metros de alfombra azul y rampa que te subían hasta la línea de meta.

La llegada

La verdad es que no sé cómo plasmar en palabras lo que sentí desde el momento en que cogí el desvío hacia la meta. Esa sensación de saber que ya está, que lo has conseguido. El hormigueo que te recorre el cuerpo cuando ya sólo piensas que lo has logrado. La emoción que te oprime el pecho y te sube por la garganta hasta que, finalmente, rompes a llorar de alegría, de satisfacción, de poner fin al sufrimiento y sobretodo, y aunque en ese momento no lo tienes tan claro, de orgullo. En ese momento, por mucho que hayas pensado antes, no eres plenamente consciente de lo que haces ni de cómo lo celebras. Cuando me quise dar cuenta, estaba llorando, levantando los brazos y ganándome, con todo merecimiento, el calificativo de FINISHER.

Al cruzar la meta esperaban tres o cuatro voluntarios. Uno de ellos me colgó esa preciosidad de medalla y, entre sollozos, les di las gracias. Me encaminé hacia la carpa de descanso que había justo al lado, pero apenas había avanzado unos metros, me detuve, me apoyé en una valla y, ahí sí, me dejé ir durante un buen rato. Cuando conseguí serenarme entré en la carpa y me llevé la segunda alegría, ya que junto a la entrada había una mesa con voluntarios para entregar la camiseta conmemorativa por haber logrado completar el reto. Recogí la bolsa con mis cosas, me serví un plato de pasta (brutal el buffet libre que tenían para las 150-200 personas que estaríamos en la carpa en ese momento) y me senté a comer, lo que me dio la ocasión de poder vivir el, sin duda, mejor momento del día.

Durante el recorrido a pie había visto a un hombre empujando a su hijo, de unos 30 años, con parálisis cerebral. Por allí por donde pasaba los ánimos que recibía eran enormes y todos le dedicábamos palabras de ánimo cuando pasábamos por su lado. Pues este hombre entró en la carpa de descanso cuando yo hacía poco que me había sentado a comer. Inmediatamente, todo el mundo se empezó a poner en pie y a partirse las manos aplaudiéndole. No me avergüenza decir que, en aquel momento, volví a llorar de auténtico orgullo mientras me rompía las manos a aplaudirle.

Después de eso ya sólo quedó salir de la carpa, buscar a Marta y darle un abrazo que me supo a gloria y felicitarnos mutuamente todos los compañeros de equipo.

Ahora sólo hay dos pensamientos en la cabeza: repetir aquí el año que viene y, sobre todo, hacerlo llegando con una preparación decente para intentar acercarme a la barrera de las 6 horas.

Tiempos finales oficiales:

tracking-im703

 

Posición en la general: 1140 de 1471

Posición en mi grupo de edad: 290 de 378

Y por si a alguien le apetece, ahí va el enlace a la galería con todas las fotos que he conseguido de la prueba: https://plus.google.com/u/0/photos/114827445056752432135/albums/6016557340656112049

Anuncios

Publicado el 04/06/2014 en competiciones. Añade a favoritos el enlace permanente. 6 comentarios.

  1. Impresionante tu experiencia !!!!!

    yo estoy a 30 días de afrontar mi primer Iron Man 70.3 y me dan ganas de salir corriendo a veces !!!

    es un desafio impresionante, pero a la vez un sueño °!!!!!

    Exitos para ti.

    Pedro Fiore
    Paraguay

    • Pues muchos ánimos, Pedro. A disfrutar la experiencia y, sobretodo, a sonreír, por mal que lo pases. La recompensa de cruzar la línea de meta es brutal 🙂

  2. Increible lo que viviste en el ironman. Te felicito, yo estoy cerca de mi primer ironman 70.3 y tus palabras me llenan de fuerza para seguir intentandolo. Gracias.

    Franco vallejo
    Colombia

  3. Tatiana Madriz

    Excelente! Lo lograste… a repetirlo en el IM 70.3 Costa Rica!!

  4. juan antonio

    bravo y genial la experiencia q compartes, voy hacer este iron en unos dias y me a gustado tu relato porq ayudas a saber de todo en el recorrido. fuiste un valiente y espero q sigas disfrutando. un saludo de juan desde badajoz

  5. De casualidad veo esto.

    Mucha fuerza y ánimos, Juan Antonio! Ahora disfruto de una manera muy diferente. A raíz de esta prueba fui perdiendo la motivación y ahora bastante tengo con hacer alguna sprint de vez en cuando. Me he propuesto (de hecho, ya estoy inscrito) hacer una olímpica en octubre en Barcelona, así que veremos si eso me sirve para ponerme las pilas de una puñetera vez 😛

    Que te vaya muy bien y disfruta de la experiencia 🙂

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: