Maratón Barcelona 2014: la segunda, pero lo que no puede ser…

… no puede ser, y además, es imposible.

Mis dos medallas

Dos participaciones en la maratón de Barcelona, dos veces llegando a meta, dos cúmulos de sensaciones radicalmente diferentes, pero con una conclusión muy clara de esta segunda: no vuelvo a ponerme en la línea de salida de otra maratón con una preparación tan pobre y lamentable como la que he hecho este año. El tiempo final, 4 horas 2 minutos y 29 segundos, casi 20 minutos más que el año pasado, pero sobretodo, el cómo hice los últimos kilómetros, certifican que NO estaba preparado para afrontar el reto de 42,195km. Sí, hacía mucho calor, y sí, vino de golpe, por lo que la mayoría lo pagamos, pero en mi caso mi propia conciencia me impide el refugiarme, ni que sea mínimamente, en esa excusa. Suelen decir que la vida es eso que pasa mientras haces planes, y doy fe que este año está siendo así. Cuando no es por un motivo es por otro, y cuando no por varios a la vez, la verdad es que he entrado en una dinámica de ir dejando de entrenar poco a poco, saltándome sesiones a diestro y siniestro que, de forma muy preocupante, hacen que cada vez me cueste más cambiarme de ropa y salir a entrenar.

2014 vs 2013

Si me centro en la carrera propiamente dicha y comparo la experiencia de esta segunda maratón con lo que supuso la primera, la lista de diferencias es enorme. Supongo que consciente de mis limitaciones por la falta de entrenamiento (aproximadamente, 666km de preparación en 2013 y sólo 175 este año, apenas un 26%, que se dice pronto) afronté la última semana bastante tranquilo y no fue casi hasta el viernes, cuando fui a buscar el dorsal, que empecé a sentirme realmente preocupado.

La foto de rigor en el mural con el trazado

La foto de rigor en el mural con el trazado

Este año la feria del corredor me resultó un tanto decepcionante. Eché muchísimo en falta los carteles motivacionales que Asics puso el año pasado, y aunque había un mural donde todos nos hacíamos la foto de rigor, no tenía ni punto de comparación a aquel “Sólo son 42,195km más”. Además, la estructura de la feria este año acababa siendo bastante incómoda: estabas obligado a seguir un recorrido único, rollo IKEA, y, en muchos sitios, el pasillo era bastante estrecho, lo que hacía un pelo agobiante la experiencia en algunos momentos. Al menos, del viernes me quedo con haber visto al Homo APM disfrazado de corredor (no sé si han colgado ya el vídeo en el programa), con el cab**n que, haciendo de estatua humana, me pegó un susto de órdago y con el que mi amigo Xavier, que me acompañaba, estuvo riéndose durante un buen rato 😀 Y sobretodo, con el apenas minuto que estuvimos viendo el vídeo de la prueba del año pasado y que casi nos hizo soltar una lágrima de emoción a ambos. Eso sí, de la feria salí, tras hablarlo con Xavier, sabiendo que ni de broma me iba a poner la misma ropa que el año pasado (camiseta técnica ajusta negra y camiseta de tirantes negra encima). La previsión de 25º para el domingo nos preocupaba, y mucho.

La carrera

El domingo me despierto media hora antes de la hora fijada en el despertador (algunas cosas nunca cambian, por más carreras que hagas), así que a vestirse y desayunar con tranquilidad. Cuando llega la hora bajo a buscar el tren, que este año no hay chófer zumbado 😉 A pesar de ver en la estación a varios corredores, prefiero aislarme del mundo, tirar de música y Twitter durante la casi hora que dura el trayecto. Cuando llegan casi las 7:00AM me quedo sólo con la música, ya que no quiero ni el más mínimo spoiler del GP de Australia.

Xavier y yo, semi listos para entrar en acción

Xavier y yo, semi listos para entrar en acción

Jordi, Roger, Jordi, servidora, Marc y Ramón

Jordi, Roger, Jordi, servidora, Marc y Ramón

Finalmente, llego al punto de encuentro en el que he quedado con los compañeros de BCN Triathlón que también participan en la prueba, aviso a Xavier que estoy allí y dejo pasar el tiempo. El primero en llegar es Xavier, charlamos un rato para soltar nervios, nos comportamos como jubilados hablando del tiempo que va a hacer XD Cuando empiezan a llegar los compañeros de equipo aprovechamos para hacernos las fotos de rigor. Poco después, nos dirigimos cada uno al guardaropa para dejar la bolsa y poner rumbo a nuestros respectivos cajones. En ese momento, y visto el jaleo que hay para acceder al guardaropa, Xavier y yo ya nos despedimos y nos emplazamos a la llegada.

Y al cajón que me voy. Dado que este año, al inscribirme, puse como tiempo objetivo 3:30-3:45, salgo un cajón más adelante que el año pasado, y se nota al arrancar la carrera, ya que sólo han pasado 9’20” desde que los élite han tomado la salida.

Soy consciente de mis limitaciones, así que salgo relajado y como tenía previsto, rodando sobre 5’15”-5’20″/km. Me noto cómodo, así que me dedico a disfrutar de la carrera, fijándome en la gente (enormes las corredoras que vi, en el km 5, aprox., con carteles en las espalda que rezaban “Soy el muro, no me pases” XD), intentando seguir, en la medida de lo posible, la línea azul para no regalar un metro de más.

Van cayendo los kilómetros y la cosa sigue igual. En el segundo avituallamiento me hago con una botella entera de isotónica que no suelto. Entre la experiencia del año pasado, los consejos que me dieron y los avisos de calor (el sol ya pica con ganas), tengo muy claro que no voy a dejar de beber en ningún momento.

Llegamos a Passeig de Gràcia y tengo uno de los pocos momentos divertidos que viví: me adelanta un chico de piel negra disfrazado de indígena africano, con su traje de piel de leopardo alrededor del cuerpo y las piernas y con un hueso de plástico en la cabeza… hay que tener ganas de hacer algo así en un día como ese domingo.

Poco después de pasar por Sagrada Familia, y cerca ya de encarar la Meridiana (km 17-18) y el peñazo del ida y vuelta que supone eso, empiezo a notar que la cosa no va bien. Voy en tiempos, las pulsaciones siguen estables y respiro bien, pero la sensación en las piernas no es buena. Simple y llanamente, me pesan los kilómetros y empiezo a pagar la falta de entreno.

Paso la media maratón en 1h 53’55” (más de 5 minutos más lento que el año pasado, más o menos, dentro de lo previsto) y, poco después, recibo los ánimos de Xavier cuando me ve al cruzarnos, pero la cabeza ya empieza a entrar en la dinámica negativa de hacerte querer parar y los tiempos ya están más cerca (cuando no por encima) de los 5’30” que de 5’20”. Hemos entrado en modo sufrimiento y aún no hemos llegado al km 25, así que lo que queda de mañana promete ser, cuando menos, interesante.

Como anécdota poco graciosa, desde mi punto de vista, el crío de unos 10-12 años que, durante un buen rato, llevé corriendo delante (hasta que le pasé) en Gran Vía antes de bajar Rambla Prim. Iba con tejanos y zapatillas normales y, cuando me puse a su altura, además de haberle visto hacer ya algún gesto raro, le vi que iba con cara de estar sufriendo. Lo peor es que parecía ir absolutamente solo y nadie le acompañaba o vigilaba. Para flipar.

En la bajada de Rambla Prim sigo a mi bola, viendo como la gente se “pelea” por el menos de un metro de ancho de sombra que había en un lado de la calle. La batalla en el coco por parar de correr y andar o no empieza a descantarse cada vez más por el lado negativo. Simplemente, estoy cansado y sé que es cuestión de tiempo parar. Encaramos Diagonal y, en la subida, me pasan las liebres de 3h 45′ No tenía la más mínima esperanza de hacer ese tiempo, pero es una imagen que no va nada bien a mi maltrecha fortaleza mental. Al menos, me vengo un poco arriba cuando hacemos el giro en Diagonal. Tenía mal recuerdo de ese punto el año pasado puesto que nos encontramos un tapón de gente que nos obligó prácticamente a caminar. Este año, sin embargo, al haber desplazado el avituallamiento, la cosa no tiene nada que ver. Hay un brutal pasillo humano que me hace sentir como un ciclista en una etapa de montaña del Tour, hasta el punto que casi se me salta una lágrima.

13201722513_a78c25b146_o

¿Dónde? Ni idea, pero aún llevaba buena cara XD

Sigo tirando pero llegando ya al km 27/28 la cosa se tuerce definitivamente. Empiezo a notar unos pinchazos en la rodilla derecha que, hasta ese momento, nunca había notado. Intento ignorarlos, pero no es posible y, al llegar al avituallamiento del km 29 paro por primera vez y camino un poco. Vuelvo a arrancar, pero poco después de girar para pasar por detrás del centro comercial de Diagonal Mar, los pinchazos en la rodilla me vuelven a obligar a parar y caminar un buen rato más. Se me viene el mundo encima, ya que faltan más de 10km y, por un momento, me veo teniendo que hacer todo lo que falta andando.

Vuelvo a intentar correr y, sorprendentemente, los pinchazos de la rodilla han desaparecido, así que ponemos trote cochinero en marcha, aunque ya entramos en la fase de correr un kilómetro o kilómetro y medio y parar a andar otro rato (en el vídeo oficial del km 35 se me puede ver andando y, casi hacia el final, volviendo a correr). A mi alrededor, sin embargo, veo multitud de gente en la misma situación que yo, algo que, al menos a mi, no me ayuda en exceso.

Pasamos Arco del Triunfo y justo cuando estoy a punto de girar para subir Ronda Sant Pere llega el segundo momento crítico del día. Rampa en bíceps femoral izquierdo. Intento no parar, pero no pasa el dolor, así que intento estirar como puedo mientras busco un punto donde apoyar y llega una pequeña rampa en el cuádriceps izquierdo. Camino, estiro contra un árbol y cuando parece que la cosa ha pasado, camino un poco más y sigo trotando (7’55” ese km). Otra vez me acojono. Quedan 6km y aunque he bebido y comido en todos los avituallamientos (al menos, litro y medio de isotónica durante toda la carrera, te lo prometo Íñigo ;)), esas rampas tan pronto me asustan. Por fortuna (que alguien me lo explique), no se vuelven a repetir.

El esfuerzo y el calor se van notando por todas partes. Gente tirada en el suelo, calambres importantes, una mujer mayor a la que su ¿marido? ayuda a no caerse al suelo cuando la ve tambalearse por mareo… no sé hasta qué punto es mi cabeza, infinitamente más consciente de lo que hay a su alrededor que un año antes, o que, realmente, la dureza este año es mucho mayor. Como digo, al menos mentalmente me encuentro muy bien. Tengo tantos recuerdos confusos del año pasado que cuando estamos bajando Portal del Àngel hacia Plaza de la Catedral, tengo durante un buen rato la sensación que han cambiado el recorrido, que por allí no habíamos pasado el año anterior. Hasta que no estamos ya dentro mismo de la plaza y empiezo a hacer el giro a la izquierda, no me doy cuenta que sí, que es igual y que, simplemente, mi cabeza hace un año ya procesaba poco y mal.

Paro para beber en ese avituallamiento y sigo con el mismo ritmo que hasta entonces (ya no hay un sólo kilómetro que haga en menos de 6′), andando un poco cada rato. Justo al empezar Paral·lel me pongo al lado de alguien que iba andando y me da por animarlo, intentando picarlo para que corra conmigo. Busco una excusa que me obligue a tirar y no parar, y nada mejor que intentar hacerlo con alguien que lo está pasando igual de mal que tú. Sin embargo, esta persona me aguanta apenas 300 metros y me vuelvo a ver solo Paral·lel arriba.

Gracias David!

Gracias David!

Hacemos el desvío por las obras y, al volver a Paral·lel el escaso, el escaso kilómetro que falta se convierte en un infierno de mis piernas parándose, dando dos pasos y yo forzándolas a volver a trotar. Creo que hice 4 o 5 de esas paraditas, viendo ya tan cerca y tan lejos la Plaza de España y el dichoso giro a la izquierda. En esas estaba cuando oigo a mi derecha que alguien grita mi apellido, me giro y veo a alguien con una cámara que me apunta. No tengo ni la más remota idea de quien es, pero le agradezco los ánimos y sigo para adelante. Al día siguiente me entero que es el gran David Jiménez, autor de El Blog Maldito.

Hago el giro, encaro los últimos 195 metros sabiendo que voy a llegar a meta otra vez y que ese tramo lo hago corriendo sí o sí. Me vengo arriba, atrapo a un participante que iba caminando y le empiezo a dar ánimos, a decirle que ni de coña puede acabar así, que si ha llegado hasta allí ha de cruzar corriendo. No paro de hablarle y me llevo la satisfacción de hacer que cruce la meta corriendo.

Y siguiendo con las diferencias de un año respecto al otro, en esta ocasión, cuando cruzo el arco y paro el crono, a pesar de haber superado las 4h de carrera, algo que me contraria, suelto un grito de rabia y liberación que aún no sé bien de donde salió y rompo a llorar otra vez.

Camino hacia el avituallamiento mientras recupero la compostura y me doy cuenta que he ignorado a la persona a quien acompañado esos últimos metros. Seas quien seas, un placer haberte echado una mano en ese pequeño tramo 🙂

Y ahí empieza el tercer calvario. Empiezo a encontrarme bastante mareado y, caminando como puedo, me pongo en la cola de lo que creo que es el guardarropa. En varias ocasiones me cuesta mantener la verticalidad y, para hacerlo aún mejor, me doy cuenta al cabo de unos minutos que aquella cola era para los fisios. Bajo como puedo hasta el guardarropa, sigo con mareos y decido avisar a Xavier que, lamentablemente, no me veo capaz de esperarle. Salgo con la mochila, de casualidad me encuentro con los compañeros de BCN Triathlon con los que comento la jugada y me sirven como mínima distracción hasta llegar a Plaza España. Al menos, cuando llego a donde me espera mi mujer, en el centro comercial, los mareos parecen haber aflojado y soy capaz de hacerme una foto luciendo sonrisa y medalla.

A pesar de todo, había motivos para sonreír

A pesar de todo, había motivos para sonreír

¿Y ahora qué?

Pues fácil. He de plantearme seriamente como quiero afrontar el half en mayo. No estamos hablando de una tontería de carrera, sino de algo lo suficientemente serio como para no andarse con planes de entrenamiento saltados a la ligera. Igualmente, ando dándole vueltas a hacer otra maratón antes de acabar el año, pero entrenándola en condiciones, a ver de qué soy capaz. A pesar de la alegría y la satisfacción por haber completado la segunda, me queda un cierto mal sabor de boca. Una maratón no se merece ponerse en la línea de salida en unas condiciones tan lamentables como las mías.

Zurich Marato 2014 – Ivan Clavijos Esteban

Anuncios

Publicado el 24/03/2014 en competiciones y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: